El valor de los datos en manos equivocadas
La pregunta sobre el valor de nuestros datos personales, utilizados en formularios, compras online o redes sociales, resulta inquietante. En términos económicos, un número de tarjeta puede costar apenas unos euros, mientras que una dirección de correo electrónico puede tener un valor insignificante. Sin embargo, cuando se trata de un paquete completo de identidad, los precios pueden escalar a decenas o incluso miles de euros.
La clave radica en que los datos no tienen un precio fijo; su valor depende de las actividades que permiten realizar. La dark web no es solo un bazar clandestino, sino un entorno industrializado donde los datos son robados, clasificados y vendidos, convirtiéndose en una forma de mercancía. Europol ha descrito esta economía en su informe IOCTA 2025, donde el dato robado es solo el primer eslabón de una cadena más extensa.
La construcción de una identidad digital
Los delincuentes pueden obtener información básica sobre una persona, como nombre, apellidos, fecha de nacimiento y dirección. Sin embargo, estos datos, en su mayoría disponibles en filtraciones y bases de datos, tienen poco valor por sí solos. El verdadero valor surge cuando se combinan diferentes piezas de información, creando lo que se conoce como fullz, un conjunto de datos que representa una identidad completa y permite cometer fraudes.
La regla fundamental en este mercado es que cuanto más sistemas puede atravesar una identidad, mayor es su valor. Por ejemplo, un correo electrónico sin contraseña tiene poco valor, pero uno que incluye la contraseña y otros datos personales, como un DNI o una selfie, incrementa drásticamente su utilidad y, por ende, su precio.
Estimaciones de precios en el mercado negro
Un estudio reciente de Flare, que analizó precios en mercados clandestinos y publicaciones de seguridad, reveló cifras sorprendentes. Los datos de salud pueden alcanzar los 300 dólares, mientras que un PIN bancario ronda los 196 dólares. Otros datos, como números de cuenta bancaria y permisos de conducir, tienen precios de 69 y 68 dólares, respectivamente. En contraste, los números de tarjeta de crédito tienen un valor relativamente bajo, alrededor de 18 dólares.
La razón detrás de esto es que una tarjeta de crédito puede ser cancelada tras un fraude, limitando su vida útil. En cambio, un documento de identidad puede ser utilizado para abrir cuentas o solicitar servicios, lo que lo convierte en un activo valioso y duradero en el mercado negro.
Valoración de información en el mercado clandestino
Investigaciones sobre mercados de tarjetas han mostrado que un conjunto básico de datos de tarjeta puede costar alrededor de 17 dólares, mientras que las tarjetas clonadas pueden alcanzar precios mucho más altos. Esto pone de manifiesto una contradicción: aunque las tarjetas de crédito parecen ser el objetivo principal de los ciberdelincuentes, su valor real es inferior al de otros datos que permiten un uso más prolongado y versátil.
La valoración en este contexto no se basa únicamente en la información en sí, sino en su persistencia, utilidad y capacidad de monetización. Por lo tanto, es crucial ser conscientes del valor de nuestros datos y de las implicaciones que su robo puede tener en nuestra vida digital.